¿Aeropuerto o agua?

Fernando Córdova Tapia – La Jornada 

La Ciudad de México está catalogada internacionalmente como una de las ciudades con mayor riesgo de quedarse sin agua potable. Esta situación está ya a la vuelta de la esquina. De acuerdo con Ramón Aguirre Díaz, director general del Sistema de Aguas de Ciudad de México, en el escenario actual no está garantizado el abasto más allá de 2019. Esto nos debería tener en un estado de emergencia a los más de 20 millones de habitantes de la zona. Sin embargo, estamos haciendo exactamente lo opuesto.

Necesitamos comprender que seguimos viviendo sobre un territorio lacustre y que cada año el agua seguirá reclamando sus afluentes naturales en busca del lago de Texcoco. Llevamos 500 años tratando de desecar la cuenca y seguimos creyendo que lo podremos lograr con más y mejor infraestructura gris. La historia nos muestra que no importa cuánto nos esforcemos, la naturaleza lacustre no se puede contener.

Resulta paradójico que se sufra por falta de agua cuando se vive sobre lagos. Para entender este sinsentido hay que recordar que toda la ciudad está en un continuo proceso de hundimiento debido a la sobrexplotación del acuífero. Para entender esto basta con imaginar una ciudad asentada sobre una esponja con agua. Mientras la esponja se mantenga saturada de agua, la ciudad se sostiene, pero conforme se va secando la esponja (considerando que extraemos el doble de agua de la que infiltramos) la ciudad comienza a hundirse. El problema con el hundimiento es que año con año somos más vulnerables a las inundaciones, es decir, la misma lluvia de hace cinco años hoy nos genera mayores problemas de inundación.

Para luchar contra las inundaciones hemos declarado una guerra contra el agua, insistimos en entubar los ríos y expulsar de la cuenca el agua de lluvia mezclada con el drenaje. Así, cualquier gota de lluvia que cae sobre la ciudad invariablemente llega al sistema de drenaje, hace un recorrido hacia Texcoco y de ahí es expulsada de la cuenca por medio de más infraestructura gris. Así, cada temporada de lluvias, el agua cae sobre una plancha de concreto sin zonas de retención/captación perdiendo cualquier oportunidad de ser aprovechada o infiltrada. Esto es lo que nos está arrastrando a un severo problema de desabasto. Por si fuera poco, acompañando esta irracionalidad hemos recurrido a la continua importación de agua de otras cuencas para mantener el desmedido crecimiento urbano de la ciudad. Y es así como pendemos, literalmente, de un tubo.

Necesitamos, obligadamente, encontrar la mejor manera de coexistir con el agua en un ambiente que siempre ha sido acuático en lugar de luchar por repelerla. Desde hace ya 50 años se ha reconocido que una solución real es regresar a la vocación lacustre de la cuenca mediante la rehidratación y restauración del lago de Texcoco. La recuperación de esta área prioritaria es fundamental para lograr el restablecimiento del equilibrio hídrico de la cuenca. Sin embargo, un grupo de personas pensó que era una mejor idea construir un aeropuerto sobre ese lago.

De cara a una inminente crisis hídrica, ni siquiera deberíamos estar preguntándonos si continuar o no con la construcción del aeropuerto. Ese proyecto debe ser cancelado porque nos está arrebatando la única esperanza de tener seguridad hídrica en el futuro cercano.

El terreno Federal de Texcoco tiene una superficie de 10 mil hectáreas. El proyecto aeroportuario se construye sobre 5 mil. Hoy día, con un avance constructivo de 20 por ciento, el único cambio irreversible sobre el terreno es la plancha de concreto de la terminal aérea que tiene una superficie aproximada de 100 hectáreas, es decir, sólo el uno por ciento del terreno federal ha sufrido cambios irreversibles. Cancelar el proyecto ahora abriría una ventana de oportunidad sin precedente para la recuperación hidrológica del lago de Texcoco. Así, no sólo basta con cancelar el proyecto, sino que se debe asegurar, de una vez por todas, la recuperación de la vocación lacustre de la región. Una resolución de este tipo marcaría el inicio de un necesario cambio de paradigma en la forma en la que se concibe la relación que existe entre la naturaleza y la ciudad.

Sin embargo, mientras usted lee estas líneas estamos enterrando esa posibilidad debajo de un necio aeropuerto.

#YoPrefieroElLago

Traducción de: Building Bridges – Human Rights Vancouver

Airport or Water?

Mexico City is internationally classified as one of the cities with the greatest risk of running out of drinking water. This situation is already around the corner. According to Ramón Aguirre Díaz, general director of the Water System of Mexico City, in the current scenario the supply is not guaranteed beyond 2019. This should have us, the more than 20 million inhabitants of the area, in a state of emergency. However, we are doing the exact opposite.

We need to understand that we continue to live on a lacustrine territory and that each year the water will continue to reclaim its natural tributaries in search of Lake Texcoco. We have been trying to drain the basin for 500 years and we still believe that we can achieve this with more and better gray infrastructure. History shows us that no matter how hard we try, the lakeside nature can not be contained.

It is paradoxical that we suffer from lack of water when we live over lakes. To understand this nonsense, we must remember that the whole city is in a continuous sinking process due to the over-exploitation of the aquifer. To picture this, it is useful to imagine a city sitting on a sponge soaked in water. As long as the sponge remains saturated with water, the city remains standing, but as the sponge dries (considering that we extract twice as much water as we inject) the city begins to sink. The problem with this sinking is that year after year we are more vulnerable to flooding, that is, the same amount of rain from five years ago today causes us greater flood problems.

To fight against the floods, we have declared a war on water, insisting on piping the rivers and discharging the rainwater mixed with drainage from the basin. Thus, any drop of rain that falls on the city invariably reaches the drainage system, travels to Texcoco and from there is discharged from the basin through more gray infrastructure. Hence, each rainy season, the water falls on a concrete slab with no retention/collection zones, wasting any opportunity for it to be used or injected. This is what is dragging us into a severe shortage problem. To make matters worse, along this irrationality we have resorted to the continuous importing of water from other basins to maintain the excessive urban growth of the city. And that’s how we literally hang from a tube.

We have no choice but to find the best way to coexist with water in an environment that has always been aquatic instead of fighting to repel it. For 50 years it has been recognized that a real solution is to return to the lacustrine vocation of the basin through the re-hydration and restoration of Lake Texcoco. The recovery of this priority area is fundamental to achieve the restoration of the basin’s water balance. However, a group of people thought it was a better idea to build an airport on that lake.

In the face of an impending water crisis, we should not even be asking ourselves whether or not to continue with the construction of the airport. That project must be cancelled because it is taking away the only hope of water security in the near future.

The Federal Land of Texcoco covers an area of 10 thousand hectares. The airport project is built on 5 thousand. Today, with a construction advance of 20 percent, the only irreversible change on the ground is the concrete slab of the air terminal that has an approximate area of 100 hectares, that is, only one percent of the federal land has suffered irreversible changes. Cancelling the project now would open a window of unprecedented opportunity for the hydrological recovery of Lake Texcoco. This is why cancelling the project is not enough, as we must also ensure, once and for all, the recovery of the lacustrine vocation of the region. A resolution of this type would mark the beginning of a necessary paradigm shift in the way in which the relationship between nature and the city is conceived.

However, as you read these lines we are burying that possibility under a pig-headed airport.

#IPreferTheLake

Fotografía:  @micadust 

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