Ni una orca más en cautiverio

He podido rastrear en mi memoria mi interés por la biología y la conservación hasta un momento particular en mi infancia. Recuerdo estar sentado en el piso, en primera fila, viendo la película Liberen a Willy. Era el año 1994 y yo iba en segundo año de primaria. Recuerdo con toda claridad el momento en el que Keiko regresa al mar, seguido por escenas de orcas nadando en libertad al ritmo de “Will you be there” (video).  Esa no sólo fue la primera vez que lloré viendo una película, sino que definitivamente definió muchas de las decisiones de mi vida.

Para mí, hay pocas cosas más hermosas que contemplar animales marinos en libertad. Sin embargo, nuestra necesidad de dominarlo y poseerlo todo, nos ha llevado a cometer uno de los peores crímenes contra la vida silvestre: los mamíferos marinos en cautiverio.

Por ejemplo, Lolita fue capturada a los cuatro años de edad y es la orca que vive en el tanque más pequeño del mundo. Ella mide 6.4 metros y pesa 3.2 toneladas; el tanque en donde sobrevive mide 24 metros de largo y 10 metros de ancho (video). En la siguiente figura podemos comparar el tamaño del tanque con la distancia que recorre diariamente una orca en el mar (160 kilómetros). Además, este pequeño tanque tiene una profundidad de 6 metros, mientras que las orcas en libertad se sumergen hasta 150 metros. Este año, Lolita cumplirá 45 años de condena. A pesar de los esfuerzos de activistas, los dueños de Miami Seaquarium insisten en mantenerla cautiva para el entretenimiento de sus visitantes.

Fernando Cordova Tapia

En México, después de la impactante historia de Keiko (video), ninguna otra orca ha sido exhibida. Esto nos da una excelente ventana de oportunidad para que desde la sociedad civil impulsemos una ley que prohíba definitivamente el cautiverio de orcas en el país. Esta misma ley podría ampliarse a otras especies que son utilizadas comúnmente en otros parques acuáticos del mundo y que actualmente no están en cautiverio en México: belugas, ballenas piloto, falsas orcas, morsas, y otras especies que ojalá ni se nos ocurra encerrar. Esto podría ser el gran precedente para ir tras la prohibición de cualquier mamífero marino en cautiverio, incluidos, por supuesto, los más de 320 delfines que mantenemos encerrados en México.

Todos tenemos la responsabilidad de asegurarnos que nunca más haya mamíferos marinos “en estanques en donde no existe el sonido del mar, ni de animal alguno, ni ruido que no sea el de las bombas de agua. No hay vida, no hay movimiento, no hay espacio y tampoco salida” (1).

Publicado en Animal Político y Ecoosfera

Por: Fernando Córdova (@FerCordovaTapia)

Alaniz Y. y Rojas L. 2007. Delfinarios. AGT Editor, 342 p.

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